
El año pasado Matt Taibbi, columnista de Rolling Stone, describió a Goldman Sachs como “un gran calamar vampiro agarrado al rostro de la humanidad, que mete implacablemente su conducto sanguíneo en cualquier lugar que huela a dinero”. Ahora resulta que Taibbi fue demasiado generoso en su valoración del enorme banco de inversión. – Dean Baker
Los mejores clientes de Goldman Sachs están llamando a su hombre en la planta 29 para garantizarse una parte del capital de Facebook. Alguno ya ha pedido que le pongan con el jefe. Ha vuelto la euforia al símbolo del capitalismo depredador que con el aval del gobierno ha hipotecado a una generación de ciudadanos a través de las subprime.
Pero las hazañas de Goldman Sachs ya no son noticia. Incluso algunos medios españoles presentan a Goldman como una de las empresas inversionistas más brillantes de Wall Street. Ver para creer. No me extraña que Julian Assange no crea que la responsabilidad de los políticos y banqueros se pueda equiparar a la de los medios. Es mayor la de estos últimos. Mucho mayor.
La brillante Goldman Sachs creó, entre otros muchos tinglados y mil burbujas, una cartera de deuda hipotecaria vendida a bancos extranjeros, fondos de pensiones, compañías de seguros y fondos de alto riesgo (o hedge funds) por los que cobraba suculentas comisiones sin explicar que también estaba asesorando al dueño de otro fondo de alto riesgo en las apuestas especulativas que este financista hacía contra esa misma cartera de deuda hipotecaria. Un ejemplo de mil. Como cuando se jactó del dinero que hizo con las subprime.





