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El organismo regulador canadiense, la Comisión Canadiense de Telecomunicaciones y Radio-Televisión (CRTC, en sus siglas en inglés) autorizó a los grandes proveedores a poner fin a los paquetes de acceso a Internet ilimitado. Sus reclamaciones fueron escuchadas. Sus quejas ya las imaginas, invertir mucho en infraestructura y estar obligadas a alquilar sus redes a proveedores más pequeños. El regulador, casi también te lo puedes imaginar, atendía el requerimiento y las necesidades de las poderosas compañías. El 1 de marzo entraría en vigor. De esta forma, las pequeñas compañías se verán obligadas a cobrar por el uso de la conexión. Adiós a la tarifa plana que únicamente ofrecen ya los pequeños.
El gobierno conservador reaccionaba, al principio muy tímidamente después de varios días descolocado, pero la oposición (liberales, socialista y verdes) y sobre todo la sociedad civil se lanzaron en tromba contra el regulador que más parece un servidor de los “grandes” y sus intereses: el gigante Bell, que fue el demandante, Videotron y Rogers Communications.
Una de los proveedores más pequeños, TekSavvy, también se sumaba a la batalla y engalanaba su web con enlaces a grupos contrarios al nuevo marco de precios y denuncia el oligopolio de los grandes, bendecido, claro, por los señores del organismo regulador. Más cuestionados a nivel global que las visitas a casa del embajador de los EE.UU. De hecho el principal partido de la oposición, el liberal, ha criticado la medida anunciada del regulador por limitar la competencia y castigar a los consumidores con una dureza inusitada, que apuntan ya directamente desde algunos sectores, también desde la izquierda, al “sospechoso” comportamiento del organismo:
No estamos de acuerdo con la decisión de la CRTC sobre facturación basada en el uso, y llevaremos al Parlamento la batalla por un entorno de Internet abierto e innovador
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