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La ley Sinde aprobada esta tarde en el Senado será completamente ineficaz con los objetivos públicos que se plantea. Si bien sí que será un arma de doble filo que provocará una incerteza jurídica considerable para aquellos que quieran emprender un negocio en Internet, no parará las descargas.
La incultura de la vasta mayoría de los políticos españoles hace que no entiendan que la red se regenera y encuentra nuevas vías. Igual que ocurre con el camino que realizan los paquetes de información cuando son enviados, que no siguen un rumbo establecido, los usuarios crearán nuevas formas para intercambiar archivos. Si la ley Sinde penaliza las webs que ofrezcan enlaces, los links se distribuirán de manera que no se necesite ninguna página.
En lo que respecta a las descargas, podemos estar tranquilos. Sin embargo, el foco dañino de la ley Sinde está en el precedente que marca en relación con cualquier tipo de negocio establecido exclusivamente, o sólo en parte, en Internet. Como consecuencia de la existencia de la Sección Segunda, creada por la disposición adicional segunda en la Ley de Economía Sostenible, cualquier web puede ser objeto de estudio si roza mínimamente los límites de los derechos de autor. Esto incluye también grandes corporaciones como Google. En Internet, la propiedad intelectual está mucho más dilatada que lo que una comisión administrativa decida en dos días. Nada es blanco o negro.
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