
Es el recuadro (todavía vacío) para la foto de la persona que ocupará la muy reforzada Dirección General de Política e Industrias Culturales y del Libro, que surge de la supresión de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas que se reparte ahora entre la histórica e inquietante Dirección General de Política e Industrias Culturales (y ahora también del Libro) y la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales (y ahora también de Archivos y Bibliotecas).
“Esta reordenación singulariza el libro dentro de las industrias culturales de nuestro país”, ha explicado Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación del Gremio de Editores, que parece muy contento:
El libro pasa a depender de la dirección general más potente porque es la que gestionará todo lo relativo a la protección de la propiedad intelectual











