
Los miles de signatarios invisibles de la petición lanzada por el sitio web de mi revista, La Règle du Jeu, estuvieron allí. Y, mientras la cosa se preparaba, los “ninjas” de mi amigo Jean-Baptiste Descroix-Vernier, esos ases de la web, esos ingenieros del alma de la Red que garantizan la continuidad del sitio y han conseguido que el llamamiento a manifestarse circule, estuvieron allí. El resultado fue un momento de una rara emoción. Y cuando, ante los miles de parisienses presentes en la plaza de la República, este hermoso domingo de septiembre, la voz de Sajjad, el hijo de Sakineh, brotó de un teléfono móvil para expresar su gratitud, los riesgos que asumía al sumarse a nosotros desde Tabriz y la importancia que tiene, incluso en Irán, una concentración de esta índole, algunos de nosotros pensamos, con el sollozo del salmista como un nudo en la garganta: “No hemos luchado para nada, nuestra súplica no ha sido en vano.
Sajjad Gaderzadeh, el hijo de Sakineh Ashtianí -la mujer iraní condenada a lapidación por adulterio – ha desaparecido – se supone que ha sido detenido junto con su abogado, Javid Houtan Kian y los dos periodistas alemanes que lo entrevistaban.




