
El Gobierno de Estados Unidos está impulsando la creación de un Gran Hermano en Suecia, incluyendo draconianas medidas de retención de datos, a fin de combatir hasta las infracciones más leves de los derechos de autor en nombre de los intereses estadounidenses. Esto es tan maloliente y repugnante que francamente no sé por dónde empezar. – Rick Falkvinge
Los cables del embajador en Estocolmo (Suecia) filtrados por WikiLeaks ponen de manifiesto que los Estados Unidos no se limitaron a guiar a los políticos hasta en los pequeños detalles legislativos y procedimentales, sino que convirtieron la embajada en el centro de operaciones o nexo entre el lobby del copyright y el gobierno.
Nada que en principio sorprenda (a pesar de su gravedad) ni en nuestro país ni menos en esas latitudes nórdicas donde el periodismo de verdad ha descubierto ya la habitación o madriguera de los topos que se dedican a espiar al personal. ¿Qué más le hace falta a la clase política y editorial europea para despertar?.
Volvamos rápido a la propiedad intelectual… y las últimas revelaciones de WikiLeaks en Suecia para no caer en la melancolía nacional o soltar algún “improperio” que llamarán crispación los mismos políticos que tapan la corrupción, celebran el sueldo empresarial de sus ex, entierran el Caso Couso y anuncian más censura.






