
Julian Assange tiene un botón nuclear que acaricia casi todos los días su amigo Kristinn Hrafnsson. Algo que pone muy nervioso al personal. “Si algo me ocurre a mí o a WikiLeaks, los documentos de garantía serán difundidos”, ha vuelto a avisar el australiano.
El fundador de WikiLeaks ha explicado que el contenido de estos documentos también “habla de la verdad sobre el poder”. Según fuentes bien informadas de lo que pasa en los sótanos que trabajan para WikiLeaks, entre esa documentación, que en clave ha suministrado a algunas personas de confianza, periodistas ajenos a los grandes medios por lo general, hay mucha información sobre el interés de EE.UU en beneficiar a unos medios o grupos.
Algo que debe ponerse en relación con los cables que algún medio no se decide a publicar y que ya se apresuró a calificar de informaciones “de dudosa credibilidad”, justo lo que quieren escuchar los implicados. Claro que la gran venganza de Assange se cuece precisamente desde el mismo día que entregó los cables a los medios elegidos. No es listo ni nada el australiano, que no lo olvidemos acusa a los periodistas de ser los máximos responsables de lo que ha pasado, la degeneración absoluta del poder.






