
Estos días se habla mucho del proyecto de ley norteamericano HR 3523, más conocido por sus siglas. CISPA (Cyber Intelligence Sharing and Protection Act) es el nombre de la nueva bestia que se impone contra cualquier atisbo de libertad que pudiéramos tener los ciudadanos en internet. Si la SOPA y el ACTA nos parecían ataques directos, lo de CISPA equivaldría ya a un misil dirigido contra la línea de flotación de los derechos de las personas.
CISPA es la plasmación cibernética de que otro mundo no debe ser posible. Lo que defiende el acta, que ya pasa trámite parlamentario en el Congreso de Washington, es la práctica fusión informativa entre el Gobierno de los Estados Unidos y las empresas privadas, para que pueda haber un ágil intercambio de informaciones relativas a las llamadas ciberamenazas.
¿Qué se entiende por ciberamenaza? Todo lo que pueda ser información sobre vulnerabilidades o amenazas a las redes o sistemas de propiedad y/o operados por el Gobierno de EEUU o empresas estadounidenses, además de la apropiación indebida de información privada o gubernamental, incluida por supuesto la propiedad intelectual.













