
En medio de este homenaje al Titanic que vienen brindando los grandes medios de comunicación desde ni se sabe cuándo, con ese goteo de expedientes de regulación que nunca acaba, uno no puede evitar pensar en la brecha digital, en el camino que se abre para todos los profesionales que ahora ven perder sus puestos de trabajo y en la oportunidad que tenemos todos de beneficiarnos de este cambio.
Mucho antes de que existieran los nouvellistes en Francia y los menanti en los reinos y repúblicas de Italia, mucho antes de las notas públicas de Roma y las crónicas griegas, en cada cultura había existido un interés por conocer los acontecimientos que suceden. Y desde aquel primer ser que trazó una pintura rupestre para explicar cómo le había ido el día en el trabajo, la profesión de contar lo que pasa ha abordado renovaciones y más renovaciones. Y en eso no estamos sino que seguimos.
En los tiempos que corren hay algo que se repite hasta la saciedad, pero que es cierto: La crisis es sinónimo de oportunidad. Y en esto, los profesionales de la comunicación que ahora suben a los botes salvavidas tienen todo un panorama por delante que para sí quisieran algunos de los capitanes de estos barcos que ya no pueden eludir el iceberg por más tiempo.












