
En sus intentos para intentar disminuir la mal llamada “piratería de contenidos culturales”, la industria del ocio y del entretenimiento ha probado de todo. Desde prohibir a convertir a sus propios clientes en delincuentes, haciéndolo a veces al margen de la ley.
Pero ni así. Sea por aquello de “lo prohibido siempre sabe mejor” o porque, al final, uno no puede prohibir el hecho de respirar, ninguna solución parece funcionar al cien por cien.
Pero ahora parece que llega otro nuevo intento: una mezcla de “si no puedes con las redes de intercambio, únete a ellas”… y romper el sistema “desde dentro”.





