
Las campañas electorales norte-americanas pueden llegar a ser increíblementente salvajes. Desde los tiempos de Franklin y Jefferson, los libelos anónimos (y no tan anónimos) han permanecido presentes, evolucionando con el tiempo. Ríanse de los ataques entre candidatos aquí en España o en Europa.
Todos los candidatos de todo el espectro político han protagonizado momentos gloriosos, poniéndose en evidencia con declaraciones lamentables, apareciendo medio (o completamente) borrachos en actos públicos y demás.
En la era de la información, una simple búsqueda en hemerotecas digitalizadas (ay las hemerotecas…) o en youtube saca a la superficie todos esos momentos, que sus contrincantes usan sin ningún tipo de piedad.






