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Daniel Rodríguez Herrera

El debate sobre el final de la tarifa plana inflama la red y llega a los editoriales de la prensa más tradicional

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Tarifa Plana

Pretender, a estas alturas, amenazar con la “quiebra del sistema” es una irresponsabilidad y una falacia, con propósito intimidatorio y casi diría de chantaje: “dejadme hacer lo que quiero y elevar todavía más mi rentabilidad, o si no, os vais a enterar…”

Así de contundente se muestra Enrique Dans en su blog. Lo hace en respuesta a las declaraciones del Consejero Delegado de Telefónica que considera “imposible encontrar la rentabilidad en un momento en que las necesidades de conectividad de los usuarios se multiplican a gran velocidad merced al crecimiento registrado por redes sociales, blogs y aplicaciones de todo tipo”.

Para evitar esta quiebra el número dos de Telefónica ha propuesto ofrecer diferentes calidades a los diferentes clientes en función de sus necesidades. Propuso, por ejemplo, la posibilidad de llegar a una mayor segmentación en las tarifas en función de la variedad de demandas que presenten los clientes porque, en su opinión, ante la amenazante quiebra del sistema, “la tarifa plana ya no es sostenible”.

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De corsarios, parásitos y un galeón de papel

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Golden Hinden, los corsarios

Pero una cosa es ser capitán de un barco que se hunde y otra dedicarte a la piratería de las naves circundantes con la excusa de querer salvar el pellejo.

Daniel Rodríguez Herrera (Los parásitos de Pedro J.)

La realeza o el gobierno expedía la patente de corso al pirata. Con esa licencia real el robo y el saqueo era legitimado por el Estado. Un corsario era otra cosa. Un pirata con patente. Un corsario era Francis Drake. Sir Francis Drake. Todo un “caballero”, todo un criminal. Condecorado por la reina y nombrado vicealmirante de la flota que saqueaba y prendía fuego a nuestros barcos y ciudades. El temido corsario que surcaba los mares a bordo del Golden Hinde.

Como Francis Drake, también ostentaba el título de Sir, Keith Murdoch, el padre del dueño de la corporación de medios de comunicación más grande e influyente del mundo. Sir Keith Murdoch conspiró y supo ganarse el título real de Caballero del Imperio Británico. Fue sobre todo el hombre de confianza del primer ministro australiano. Su trayectoria está llena de claroscuros.

El hijo de Sir Keith Murdoch, el magnate Rupert Murdoch, también ha sabido ganarse la patente de corso que concede el poder político. A partir de la herencia mediática de su padre ha erigido un gran imperio. En China ayudó a la principal cadena estatal de la dictadura china a desarrollar un sitio de noticias en la red.

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