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El abogado del fundador de WikiLeaks, Mark Stephens ha calificado de absolutamente falsas y carentes de fundamento las acusaciones contra Julian Assange. Desde su oficina de Londres, Stephens insiste en la inocencia de su defendido, que se enfrenta ahora a una orden de arresto emitida por Suecia y no está del todo claro si la ha recibido la INTERPOL, la espada de Damocles que quieren hacer pender de manera permanente sobre el hombre que ha descifrado la clave oculta del poder.
Todo después de que ayer – no el jueves – se aceptase por fin la solicitud de la fiscalía sueca, dependiente del gobierno, primero de arresto (el jueves) después, parece ser, pues las noticias son muy confusas, no de petición expresa a la INTERPOL, el tribunal no la emitió, pero es igual se aplica Schengen y ya está.
La Fiscalía sueca imputa al australiano, la figura visible de WikiLeaks, delitos de violación y acoso sexual de dos mujeres, cargos que ha negado Assange pero saldrá alguno más. Estos dos ya se cerraron por faltas de pruebas y renuncia a proseguir con la denuncias por parte de las dos presuntas víctimas. Según Stephens, no existía la más mínima evidencia que avalase la acusación, pues en un caso se trató de una “relación sexual consentida”, subrayó el letrado tras recordar que su cliente siempre se mostró dispuesto a declarar, pero nunca jamás por extraño que resulte se le citó.
Cuando quería acudir se cerraba el caso e incluso se le pedía disculpas. Cuando abandonó Suecia una de las denunciantes apeló la sentencia que exculpaba completamente a Assange. Entonces la Fiscalía solicitó una orden de arresto “por no haber podido interrogar” al australiano (?).
Siempre la extraña actuación de una fiscal – dependiente del gobierno – en lo que es un clamor que denuncia la permanente instrumentalización política, con una u otra fiscal, del “caso Assange” en Suecia hasta extremos inquietantes.
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