
A menudo el cine nos ha regalado momentos de regocijo de esos que se resumen en un elocuente: “¡toooma!” por parte del espectador, cuando por ejemplo un objeto codiciado por todos los personajes de una película acaba castigando a quienes se apropian de él con malas artes. Ya se sabe: cuidado con lo que deseas… porque se puede cumplir.
Una de las consecuencias de enrocarse con la propiedad de las cosas… es que al final tienes que hacerte cargo de ellas, aunque de repente ya no te parezca tan buena idea. El ejemplo múltiple que nos regalan en techdirt tiene mucho que ver con esto. La tecnología tiene sus limitaciones, que se ven superadas con el paso de los años.
Y para entender esto, nada mejor que viajar al pasado para visitar un ejemplo diáfano, de cuando almacenábamos datos en discos flexibles de 5¼ o 3½ pulgadas. Ya en aquel entonces, sabíamos que aquellos soportes eran muy poco fiables. ¿Habríamos dejado toda nuestra información más sensible albergada allí? De ninguna manera. Pronto aprendimos que el concepto copia de seguridad podía convertirse en un aliado de primer orden para nuestra tranquilidad.













