Ana María Méndez es la tendera 2.0 que “no se movió” como dicta el canon universal de la rebeldía cívica, la empresaria que dijo no, la ciudadana ejemplar que además organiza una fiesta para celebrar – “con todos los que han estado a nuestro lado” – la victoria sobre la que probablemente sea la institución más odiada de España y un impuesto confiscatorio y abusivo que todavía quieren resucitar como re-canon los políticos de “siempre”.
En un país que el General Riego sentenció con aquello de “ser español es temblar”, siempre se escribe la epopeya excepcional del ciudadano que se planta frente al poder y sus abusos. El rebelde que no quiere ser santo inocente y le cierra el camino al señorito. Ana María Méndez pertenece ya a esa minoritaria nómina de valientes que se han enfretado al endémico caciquismo que lastra gravemente el desarrollo y modernización de España perjudicando y mutilando lo mejor de su sociedad civil: los emprendedores, los autónomos, las PYMES frente a los privilegios de los poderosos.
Hay que recordar esta historia desde junio de 2004 cuando la SGAE reclamó a Ana María 48.000 euros en concepto del canon sobre los CD y DVD vírgenes y ella se negó a pagar. Entonces la SGAE la demandó y en marzo de 2006 un juez sobreseyó la causa. Una semana después la entidad volvía a reclamar judicialmente, por otra vía, el pago de la compensación por copia privada por los CD, DVD y reproductores MP3 que había comercializado entre septiembre de 2002 y septiembre de 2004.






