El lunes 22 de marzo un voluntario de WikiLeaks fue interrogado y detenido arbitrariamente durante más de 21 horas. La detención no tuvo lugar en EEUU. Este arbitrario hecho acontecía en un país sin ejército y respetuoso con los Derechos Humanos: Islandia. Hasta allí se habían desplazado, semanas antes, activistas de WikiLeaks para asesorar a los parlamentarios sobre la Iniciativa para Medios de Comunicación Modernos, destinada a proteger a los periodistas de investigación y a los servicios de Internet del espionaje y la censura.
Pero los voluntarios de WikiLeaks tenían otras citas más reservadas en su agenda. Habían concertado una serie de reuniones con periodistas islandeses que colaborarían en la elaboración de material complementario al vídeo que esta misma semana ha inundado la red y ocupado la portadas de los medios de comunicación en todo el mundo.
Ya el 18 de marzo el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, asegura haber tenido a dos acompañantes muy especiales entre el pasaje del vuelo que le llevaría de Reykjavik a Copenhague. Dos individuos que esgrimiendo cartas credenciales y registrados bajo el nombre del Departamento de Estado de EE.UU habían recogido sus tarjetas de embarque para su mismo vuelo con apenas tres minutos de diferencia.
Editores 9
Comunidad 9,9
EE.UU. sobre los medios griegos dirigidos por una élite y el pujante ciberperiodismo ciudadano
WikiLeaks y un vídeo colgado en la red revelan nuevos abusos sexuales de cascos azules
WikiLeaks pide donaciones parodiando un spot de MasterCard, que sigue colaborando con el Ku Klux Klan
El traslado de Manning oculta la inquietud del peor Obama
Del asesinato de Julian Assange al asesinato civil de Gary Hart