
Quien a estas alturas todavía insista en que internet es un monstruo de siete cabezas al que hay que desmembrar antes de que se coma a todos los niños y los deje sin cultura, vagando en la soledad de las desérticas calles de un mundo inhabitable, es que no ha entendido nada. Hay un nuevo modelo de negocio que es viable y una acaudalada industria anticuada que no quiere ver su viabilidad y que lucha con todo su dinero para moldear la realidad a su conveniencia. Así de simple. El resto son aderezos.
El ejemplo más reciente lo tenemos en el proyecto Double Fine, creado de la nada pese a las reticencias de los intermediarios: “Eso no le gustará la gente”, les dijeron. “¿Ah, no? ¿Y cómo lo sabemos?”, se preguntaron ellos, y le preguntaron a los usuarios. Les preguntaron si les interesaría una nueva aventura gráfica y les pidieron ayuda económica. En menos de un día recaudaron 400.000 dólares para lanzar el proyecto, y a estas alturas del día ya han pasado del millón.
Obviamente es un caso destacado, y nadie dice que si a mí me da la ventolera de vender cualquier disparate en la red vaya a ser aceptado de inmediato. Pero estamos hablando de los creadores de Monkey Island y Day of Tentacle, poca broma, así que sus propuestas interesan a un número de seguidores suficiente como para darles de comer. Ellos mismos lo explican en un vídeo enorme:











