
Poco a poco, el gobierno de Teherán ha ido bloqueando el acceso a Google y Hotmail, y a blogs y redes sociales de cualquier temática para evitarse disgustos, así que quienes han seguido conectándose han pasado a considerarse infractores de la ley, con lo que eso supone en el régimen iraní.
La prohibición ha ido cristalizando en otra cosa, que con la creación de una intranet propia, la Halal, equivalía a dejar a Irán sin acceso a internet. Y por si acaso, se destruyó la posibilidad de emplear herramientas como Tor que permitieran acceder a internet de manera anónima… con un resultado adverso, por cierto.
Ahora, el ejecutivo de Mahmoud Ahmadineyad confirma esa ruptura entre Halal e internet, aunque en un acto de bondad suprema que les honra afirman que:
Internet se podrá utilizar dentro de Irán para la recepción de datos no disponibles en la red nacional.
Traducción: allí donde haya contenidos que se puedan… parchear (por no decir censurar) lo suyo será acceder a ellos vía Halal. Y para ver los ‘Teletubbies’, siempre les quedará internet, que la red global es insegura y eso hay que remediarlo apostando por la autarquía, alejando a la nación del peligro que suponen las malas influencias procedentes del contubernio extranjero.
¿Por qué será que estos patrones se repiten en la Historia con un parecido tan fantasmagórico?
Foto | José Cruz
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